Introducción

Claude Lévi-Strauss sostiene que el mito, aun cuando remite a «acontecimientos pasados», posee un «valor intrínseco» que lo convierte en una estructura permanente: Esta plasticidad temporal se explica porque el mito funciona como un modelo lógico destinado a resolver contradicciones, generando variaciones en «espiral» sin perder su estructura de base. (UGM, s.f., pp. 5-6).

A partir de estas premisas, este breve ensayo aplica la lectura de Lévi-Strauss al relato del Génesis en la interpretación del Radak, mostrando cómo el texto bíblico articula un tiempo originario (pasado), un tiempo existencial (presente) y un tiempo de posibilidad (futuro). La clave es que, para el Radak, el «Gan Edén – Jardín del Edén» y sus símbolos no describen solo un episodio remoto ni menos literal, sino una cartografía intelectual y ética que continúa operando en el ser humano, posición similar a la de Maimónides quien escribe que el relato debe entenderse como una alegoría del tránsito de la razón pura al conocimiento práctico y moral, que introduce la conciencia de lo permitido y lo prohibido. Porque antes de comer del Árbol del Conocimiento, Adán vivía en un estado de perfección intelectual, distinguiendo entre lo «verdadero y lo falso». Después de comer, surge en él la capacidad de discriminar entre lo «bueno y lo malo», es decir, aparece la conciencia moral y social, lo relativo, en lugar de la pura verdad racional. (Guía I2, pp. 23-26).

Triple temporalidad del mito

Lévi-Strauss define el mito como estructura del pensamiento que media oposiciones y, por eso mismo, endulza las tensiones de la vida social: «El objeto del mito es proporcionar un modelo lógico para resolver una contradicción». (UGM, s.f., p. 5). Por eso el mito tiene tres tiempos: aunque se cuenta como algo del pasado, sigue siendo actual porque ayuda a entender conflictos que se repiten y guía cómo actuamos hoy y cómo imaginamos el futuro.

El pasado: Edén como Intelecto Activo y el comienzo temporal del mundo

El Radak interpreta el «Gan Edén» como el «Intelecto Activo». En el comienzo (mi-kedem) del proceso creador, Dios dota a ese Intelecto de la capacidad de asignar formas a los seres inferiores. Por eso, llevar a Adán al Edén es elevarlo a ese nivel, convirtiéndolo en el centro de todas las formas. (p. 128). Además, el propio Radak subraya que Moisés narra estos datos «por inspiración divina» para establecer que el mundo tuvo un comienzo temporal. Es decir, el mito de la creación sitúa un origen y funda la inteligibilidad de la historia. (p. 134).

En lenguaje de Lévi-Strauss, el relato del Génesis no sería solo una historia contada en orden, sino un mito que sirve como modelo para entender cómo se pasa del caos al orden. Es decir, muestra cómo se organiza el mundo y se resuelven las grandes contradicciones.

El presente: el jardín como mapa del sujeto — árbol, río y mandato

Para el Radak los símbolos del Edén describen la estructura psíquica y el ejercicio cotidiano del intelecto humano. Donde los dos árboles representan dos intelecciones: el Árbol de la Vida figura el Intelecto Humano orientado a la metafísica y a la conexión con el Intelecto Activo; el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal figura el Intelecto Material, válido en matemáticas y física y en la manutención del cuerpo, pero peligroso cuando se subordina a los deseos. (pp. 130-131).

Cuando el relato dice que «sale un río del Edén» (Génesis 2:10), significa el flujo de facultades intelectuales; sus «cuatro cabezas» son los ventrículos cerebrales en que residen imaginación, cognición («el juez») y memoria. Donde el símbolo acuífero explica por qué el cerebro es «acuoso» y por qué la Torá (biblia) de manera frecuente usa ríos a modo de alegoría. (pp. 132-133). Y la orden «comerás de todos los árboles» (Génesis 2:16) se entiende como participar de las gradaciones del saber, con la metafísica como Árbol de la Vida al que se accede por disciplinas previas. (p. 136). De esta forma, vemos que este «presente» no es una simple moraleja del mito; es la operatividad de la estructura mítica en la vida intelectual y ética del sujeto. Justo lo que Lévi-Strauss atribuye al mito, porque «el valor intrínseco atribuido al mito proviene de que estos acontecimientos, que se suponen ocurridos en un momento del tiempo, forman también una estructura permanente.» (UGM, s.f., p. 6).

El futuro: posibilidad, obstáculo y destino — querubines y llama

Para el Radak, el acceso al Árbol de la Vida permanece abierto como posibilidad futura. Pero él indica que solo una minoría llegará a «comer» del árbol, en otras palabras, la inmortalidad intelectual será de quienes perfeccionen su intelección. (Berger, 2014, p. 136). Si el ser humano no busca esa meta, será expulsado del Edén. Pero esta expulsión no es inevitable, ya que existe libertad para elegir entre el bien y el mal. Así, el mito funciona como un proyecto: puede repetirse la caída o lograrse la elevación. (p. 163).

Los querubines representan los Intelectos Separados y, por extensión, el estudio que activa el intelecto humano. La «llama de espada que giraba» (Génesis 3:24) simboliza las tentaciones y el mal que desvían del camino al Árbol de la Vida. Esta barrera es ilusoria, una distracción. (pp. 163-166). El Radak dramatiza esta tensión, y el mito, como plantea Lévi-Strauss, actúa como mediador: ¿triunfará el intelecto o el deseo?

La coherencia estructural: de la fractura al orden

«Toda la religión se compone de mito y fracturación ontológica», es decir, el mito busca reparar esa ruptura, especialmente frente a la muerte. En la lectura del Génesis que hace el Radak, esa fractura se expresa como tensión entre intelecto y materia, y se propone una vía de mediación: el estudio y el control del deseo, con la meta de alcanzar la vida del intelecto. Desde la perspectiva de Lévi-Strauss, el mito sigue vigente porque su estructura permite pensar lo mismo de formas nuevas: cada vida revive la escena del jardín —los árboles, el río, el mandato, los querubines— como distintas versiones de un mismo conflicto entre lo limitado y lo trascendente.

Conclusión

Según el Radak, y usando las ideas del pensador Lévi-Strauss, el relato del Génesis sobre Adán y Eva no pertenece solo al pasado. Es una historia que funciona en tres tiempos: En el pasado, muestra el comienzo del mundo y ubica al ser humano en el Edén, un lugar donde el orden vence al caos. En el presente, esa historia vive dentro de nosotros: en el cuerpo (como el corazón y el cerebro) y en nuestras acciones diarias, como aprender y cuidar lo que nos rodea. En el futuro, el relato nos abre la posibilidad de vivir con inteligencia y libertad, pero también nos advierte sobre los deseos que pueden desviarnos.

Así, esta forma de leer el Génesis muestra que no es solo una historia antigua. Es una herramienta que ayuda a entender de dónde venimos, cómo vivimos hoy y hacia dónde podemos ir. Por eso sigue siendo útil: cada persona y cada generación vuelve a contar el mito del jardín para enfrentar los dilemas de la vida.

Referencias Bibliográficas

Universidad Gabriela Mistral. (s.f.). Filosofía de las religiones: Clase El mito. UGM Online Learning.

Beger, Y. (2024). Radak on genesis: Creation, Humanity, and Torah. Bar-Ilan University. Ramat Gan-Israel.

Maimonides, M. (1185). The guide of perplex. Translated by Shlomo Pines. Edition The University of Chicago (1963). Chicago and London. Parte I, Capítulo 2.