Durante mucho tiempo hemos asociado la autenticidad con una idea bastante simple: ser uno mismo. Hacer lo que uno siente, seguir sus propias decisiones y no permitir que otros determinen cómo debemos vivir. Sin embargo, después de leer a Charles Taylor descubrí que el asunto es bastante más complejo. Porque una cosa es tener libertad para elegir y otra muy distinta es que aquello que elegimos sea valioso.

Muchas veces he escuchado «es mi vida, es mi decisión», sobre todo desde adolescentes. Y ciertamente lo es. Pero esa afirmación plantea una pregunta muy relevante: ¿por qué considero que esa decisión es buena para mi vida?

Taylor nos obliga a introducir una cuestion, bastante más incómoda. Ya no basta con defender mi derecho a elegir; también debo ser capaz de explicar qué estoy eligiendo y por qué.

Aquí encuentro especialmente interesante la idea de la «evaluación fuerte», presentada por Taylor.

No todos nuestros deseos tienen necesariamente el mismo valor. Puedo querer muchas cosas y, al mismo tiempo, reconocer que algunos de esos deseos contradicen aquello que considero más importante. Ser libre, entonces, no significa obedecer automáticamente cada deseo que aparece en mí. También implica poder examinarlo, cuestionarlo y preguntarme qué clase de persona estoy llegando a ser a través de aquello que deseo.

Este analisis, simple pero profundo, nos puede llevar a cambiar de manera considerable la forma de entender la autenticidad.

No creo que ser auténtico consista en repetir constantemente «yo soy así». Esa frase, que muchas veces presentamos como una declaración de independencia, puede convertirse con facilidad en una excusa para evitar examinarnos, y sobre todo, eludir la responsabilidad moral.

Además, ninguno de nosotros llega a este mundo aislado y sin influencia. Nacemos dentro de una sociedad, utilizamos un lenguaje que no inventamos y heredamos ideas acerca de lo justo, lo bueno, lo admirable y lo despreciable. Taylor llama a esto nuestros «horizontes de sentido». De todas formas, que esos horizontes nos sean dados no significa que debamos aceptarlos ciegamente. Podemos criticarlos, modificarlos e incluso rechazar parte de ellos. Pero incluso para cuestionarlos necesitamos algún criterio desde el cual hacerlo.

Por eso, creo que, la «autenticidad» no consiste simplemente en hacer lo que quiero. Es algo bastante más exigente, que nos obliga a tratar de comprender por qué quiero lo que quiero, me lleva a preguntarme qué valores sostienen mis decisiones, y sobre todo, me exige a asumir la responsabilidad por la persona en la que esas elecciones me están convirtiendo.

Quizás ser auténtico no sea afirmar «éste soy yo», sino atreverme a preguntar: ¿es éste el «yo» que realmente quiero llegar a ser?

Referencia bibliográfica

Taylor, C. (1994). La ética de la autenticidad (P. Carbajosa Pérez, trad.). Ediciones Paidós / I.C.E. de la Universidad Autónoma de Barcelona. (Obra original publicada en 1991).